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Cine y discapacidad
Estrenan el documental “Buscando a Reynols”
Masturbación...
El documental “Buscando a Reynols” reúne distintas miradas en torno al grupo integrado de música, cuyo líder tiene síndrome de Down y que en pocos años se transformó en un fenómeno mundial. A partir de la percepción y las reflexiones de distintos profesionales y artistas, la película
penetra en un suceso que generó tantas adhesiones como polémicas, abriendo la posibilidad de ahondar en temáticas tan diversas como la inclusión, el prejuicio y los procesos creativos en la maravillosa cosmogonía de una persona con síndrome de Down. A días de estrenarse en Buenos Aires, dialogamos con Néstor Frenkel, director del film.

Un acercamiento a Reynols
Si pudiéramos resumir en breves líneas un acercamiento al proyecto Reynols diríamos que Reynols fue un grupo liderado por el baterista Miguel Tomasín, un joven con síndrome de Down, que editó más de 100 discos, cuya música experimental, performática e inclasificable tiene como fieles seguidores a importantes músicos de la escena local y extranjera y que también cristalizó un ideal de integración. Sin embargo, esta síntesis es improbable, ya que de ella escapan diversos ingredientes y fenómenos que hacen que este grupo musical mereciera la atención de diversos artistas y profesionales de distintas partes mundo y ser registrado y analizado en un documental que ya ha recorrido varios países.
En el año 1993, Miguel Tomasín se acercó acompañado por sus padres a la academia musical Efimus, para tomar clases de música. Allí fue recibido por Alan Courtis y los hermanos Roberto y Patricio Conlazo, quienes al observar la predisposición y el talento creativo de Miguel lo invitaron a formar parte su grupo. Si bien los músicos y docentes de Efimus ya investigaban nuevas concepciones musicales explorando el vasto mundo de los sonidos y sus posibilidades, al incorporarse Miguel toda esta búsqueda se vio renovada y enriquecida por su cosmogonía y su impronta. Con su humor y su curiosidad, su facilidad para extraer música de diversos objetos e interpretar variados instrumentos, Miguel fue abriendo nuevas perspectivas al grupo y, sin proponérselo, resignificando sus conceptos y experiencias. Cada interpretación musical o sonora de Miguel era única e irrepetible, ningún tema podía duplicarse porque estaba habitado por la fuerza del aquí y ahora, por su propia lógica y subjetividad. Toda la “anormalidad” y la diferencia de Miguel fue aprovechada como un valor capaz de expandir la percepción grupal. Una nueva mirada, una mirada especial, trajo nuevas formas de sentir e indagar la música y este es el verdadero y último valor de la integración, el de sumar a la percepción general una mirada nueva y dejarse impactar por ella.
Poco a poco Reynols fue trascendiendo los límites de la escuela/estudio y comenzó a compartir sus experiencias en distintos ámbitos. La recepción siempre se dio desde un asombro que fue creciendo con el transcurrir del tiempo hasta transformarse en un fenómeno indefinible generador de adhesiones y críticas. Y es precisamente porque todo aquello que no podemos definir, encuadrar, nos fascina y nos inquieta a un mismo tiempo, que Reynols tuvo tanto impacto. Primeramente por no ser éste un grupo al que se integró una persona con síndrome de Down, sino que desde lo creativo, lo conceptual y la acción la integración fue mutua. Segundo, porque vencidas las resistencias lógicas ante una propuesta nueva de música y de grupo, ese desconcierto inicial se fue transformando en un rito de asombro, en una fiesta de sonidos donde fuera de todos los cánones legitimadores, todas las distintas percepciones se hermanaban.
Es uno mismo quien elige cómo continuar después del asombro, si intentar interpretaciones, críticas, pedir explicaciones o salir corriendo; lo cierto es que Reynols fue el primer medio a través del cual muchísimos jóvenes y artistas alcanzaron cierta fascinación y deseo genuino de acercarse, sin afectación o mirada conmiserativa, a un artista con síndrome de Down y entregarse sin casco ni cinturón de seguridad a su sensibilidad.

Buscando a Reynols
Ya han transcurrido algunos meses desde la desaparición de Reynols como proyecto, sin embargo y por mucho tiempo, rebotes de su presencia y su impacto seguirán dando vueltas por el mundo. Uno de ellos es el film “Buscando a Reynols” del director Néstor Frenkel, quien a través de distintas percepciones del mito reconstruye en un fascinante registro documental la esencia del grupo.

- ¿Cuáles fueron los disparadores que te llevaron a realizar un documental sobre Reynols?
- Yo conocí a Reynols hace unos años a partir de los comentarios que circulaban en distintos medios: “un grupo donde toca un chico con síndrome de Down”, “hay un grupo que editó un disco vacío, una caja de cd sin disco”, “existe un grupo que toca para las plantas, los animales y las piedras”, etcétera. Transcurrido un tiempo, al enterarme que Reynols realizaba un recital, decidí ir a escucharlos y fue shockeante, me sucedieron un montón de cosas y durante muchos días seguí movilizado por la experiencia: algo me había tocado. Esa sensación de ritual que presencié me había impactado, pero con el correr de los días me fui olvidando, hasta que seis meses después, en un momento crítico mientras finalizaba un trabajo de filmación, sentí que tenía que hacer una película sobre Reynols. Me costó un poco contactarlos, tuve que insistir porque ellos se preservan mucho ya que no tienen intenciones de figurar y están algo cansados de que se los banalice o se los utilice. Cuando conseguí entrevistarlos les comenté que me interesaba su mundo y que sentía que allí había una historia que, aunque no se me presentaba con claridad, quería contarla, y ellos me dieron su aprobación.
El primer encuentro fue muy simple, me acerqué a su escuela de música y tocaron para la cámara, con Miguel en los teclados. Luego realizamos un especial de 10 minutos, a pedido para la televisión australiana y que se incluye en el documental. Esto nos sirvió para conocernos y empezar a trabajar, pero me di cuenta que eso no era realmente lo que quería hacer, porque se limitaba a una entrevista y fragmentos de ellos tocando y yo necesitaba ir más allá. Y sucedió que cuando les comenté a mis amigos y a las personas que me rodean de qué se trataba el tema del documental, les surgieron un montón de preguntas y planteos que resultaban muy interesantes y esto era muy potente. Entonces descubrí que sería muy bueno que la película fuera sobre gente hablando acerca de Reynols, aprovechando el enfoque multidisciplinario del grupo. Este enfoque tiene que ver con un grupo de música que a la vez no hace música, que trabaja con arte conceptual, la vanguardia, la integración, e incluí la mirada científica y el costado bizarro desde donde han tomado el fenómeno los medios de comunicación. Me pareció muy interesante rodear a Reynols desde todas esas miradas y decidí consultar a especialistas: un psiquiatra, un periodista de rock, un músico de formación académica, un musicoterapeuta, un artista plástico y el Dr. Sokolinsky. Esto resultó en algo bastante equilibrado entre las miradas organizadas y académicas, mezclada con personajes más estrambóticos que a la vez terminó trasmitiendo un sentido de integración, el de todas las miradas posibles.

- ¿Cómo fue trabajar con Miguel?
- La experiencia con Miguel fue muy buena, siempre estuvo dispuesto y de buen humor. El tiene mucha conciencia de su ser artista, hace muchos gestos y guiños para la cámara. Miguel disfruta mucho cuando hace reír. Si uno de sus chistes causa gracia, enseguida lo repite de nuevo.

- ¿Cómo resultó la experiencia para la familia de Miguel?
- Fue un tema a trabajar. La familia tenía temor de la imagen que se pudiera proyectar de Miguel, temor a que la exposición fuera mal tratada o su figura ridiculizada. Por ejemplo, la entrevista más extensa a Miguel se realizó en su casa, junto a la familia. Yo les propuse aparecer en la película pero ellos no accedieron y lo respeté. Sé que el resultado final del documental no satisfizo sus expectativas y creo que algo similar sucedió con el grupo, no sé si esta fue la película que ellos imaginaban o la que más se acercaba a sus deseos. Pero siempre hubo mucho dialogo, entendiendo qué lugar ocupaba cada uno en este proyecto; no hubo conflictos con ninguna parte.

- Una de las miradas que muestra la película, quizás de las más simplistas o prejuiciosas, es la de muchas personas que ven en Reynols un fenómeno de marketing, donde un grupo de música explota la imagen de una persona con síndrome de Down. ¿Tuviste en cuenta la posibilidad de que esta mirada se traslade al documental?
- Lo pensé en algún momento y no quise correrme de esa posibilidad, de ese riesgo. Yo creo que lo que pasa en el grupo se vive con mucho amor y alegría, potenciándose mutuamente entre todos los integrantes. Muchas veces las relaciones que, entre las personas sin discapacidad se ven como normales, al participar personas con discapacidad se ven como explotación. Sin la interacción con el grupo, sin esa relación que a veces se lee como “explotación”, el trabajo de Miguel hubiera quedado entre cuatro paredes y quizás él no se hubiera desarrollado como artista, estaría más aburrido y miraría mucha televisión.

- En el documental vemos muchas miradas distintas participando del fenómeno Reynols, ¿cuál es la mirada que resulta a su vez, de todas ellas?
- La película no resuelve nada, ni baja una línea específica. Si bien hay muchas opiniones, no pretende llegar a una conclusión. Todo lo que allí aparece es muy jugoso y tiene múltiples interpretaciones. No me sorprendería demasiado que aparezcan también ciertos prejuicios, sé que es un tema difícil. Reynols creó su propio universo donde trabajan con mucha libertad y muchas personas no están acostumbradas a confrontarse con eso. La mayoría de nosotros estamos intentando encuadrarnos en el universo que nos proponen y eso puede generar envidia.

El documental ya ha recorrido un amplio itinerario en el que figuran destinos como Noruega, Canadá, España, Uruguay, y en Argentina en el Festival de Cine de Buenos Aires y el Malba. El día 12 de Mayo se estrenará oficialmente en el Cine Cosmos.

Luis Eduardo Martínez