Espectáculos

CLARÍN

CRITICA - LOS ESTRENOS DE LA SEMANA

Atlántida nacional

"Construcción de una ciudad" evoca el "hundimiento" de Federación, Entre Ríos, por decisión dictatorial.

Por:  Miguel Frías

MUY BUENO

El dogma cinéfilo indica: evitar los documentales con entrevistas a cámara. Indica: evitar excesos de absurdo que involucren a "personajes" humildes. Evitar dejarlos al borde de la parodia; sobre todo, si el trasfondo es trágico. Felizmente, lo único que Néstor Frenkel evita son los dogmas, más afines a menesteres castrenses. Con libertad, apoyado en una historia central redonda -vinculada a la dictadura- y en pequeñas historias íntimas hilvanadas con humor, logra una película entretenida y contundente, con alegorías que no son recargadas -como suelen serlo en estos casos- sino leves. En apariencia, "demasiado" leves para el tema.

Pero no: no hay, en Construcción de una ciudad, tal levedad. Apenas una sensibilidad que, tamizada por el humor, jamás condesciende al sentimentalismo. Si Frenkel (Buscando a Reynols) manipula el material -algo inevitable- es para quitarle solemnidad a un tema con suficiente dramatismo propio. ¿O la decisión de la dictadura de destruir y desaparecer bajo las aguas a una ciudad entera no alcanza como metáfora grandilocuente? ¿Y que los militares hayan construido otra, sin rastros de la anterior, de arquitectura absolutamente uniforme? La pregunta sería, entonces: ¿es necesario utilizar elementos atroces para referir lo que es atroz desde su mera enunciación?

Frenkel sabe que no. Frenkel cuenta esta historia -la de Federación, Entre Ríos, demolida e inundada en 1979 para la construcción de la represa Salto Grande- a través de un filme de personajes: con un montaje y una música que resaltan el humor melancólico de los entrevistados. Entrevistados que, en cruces de relatos y actitudes, van haciendo emerger una ciudad que amaron y perdieron, y que muchos, en su dolor, intentan olvidar. El filme, apoyado también en viejas filmaciones caseras (algunas delirantes), tiene un giro que parece ficcional pero no lo es: el descubrimiento -muy posterior- de aguas termales que reflotaron a Federación, ya en democracia.

Tras la risa con trasfondo apocalíptico, queda una extraña resaca agridulce. Y la certeza de que el absurdo no estaba en el humor sino en la lógica del exterminio, aceptada con pasividad, e incluso esperanza, por las mayorías.