Historia de dos Ciudades
Construcción de una
ciudad. Argentina, 2007.
Dirección y guión: Néstor
Frenkel.
Cámara y fotografía: Diego Poleri. Música:
Javier Ntaca.
Duración: 95 minutos.
Nestor
Frenkel cuenta la historia de la ciudad de Federación a su modo, con el humor
que tan bien maneja, y logra un documental atípico que le hace justicia a su
objeto.
Hay
historias -historias reales- que parecen estar ahí para ser contadas, para ser
escritas o filmadas, como si fueran un tesoro esperando que alguien lo
encuentre. Nestor Frenkel cuenta que se encontró con la historia de Federación,
Entre Ríos, casualmente, de vacaciones en el lugar que ya se había establecido
como centro turístico. Es fácil imaginar como empezaron a surgirle ahí las
potencialidades narrativas (en medio de lugareños que no
paraban de pensar en potencialidades de explotación). Y es que la historia de
Federación es extraordinaria: 1978, dictadura militar, presidencia de Videla.
Se lleva a cabo la construcción de la represa de Salto Grande y la ciudad de
Federación está en el camino de las aguas. El gobierno destruye la ciudad
-literalmente, la tira abajo- y traslada a sus habitantes a una nueva ciudad,
homónima, construida para la ocasión. En los 90 se descubre una fuente de
aguas termales y la ciudad vive un renacimiento económico y un boom turístico
del que gran parte de los ciudadanos participan o quieren participar.
Las
posibilidades están ahí. En principio, para hablar del desarraigo y de la
memoria. Y esto, claro, está presente en Construcción
de una ciudad: En el sufrimiento inicial y el intento de rescatar todo lo
posible, desde un cartel indicador hasta un azulejo. En el movimiento que va de
la intención de olvidar y seguir adelante a la vuelta obstinada de la memoria,
el eterno retorno.
Pero
también está el pueblo como país en miniatura. Entre las maquetas de Federación
que se ven en el film se sugiere la idea de Federación como maqueta de
Abordar
los períodos en que la historia se desarrolla, particularmente el de la
dictadura, implica meterse en terrenos pantanosos. Como el propio Frenkel ha señalado,
meterse desde ahí hubiera producido que esa densidad tomara toda la película.
Así que eso está (no puede no estar), pero así como en sus anteriores films,
documentales (Buscando a Reynols) y de ficción (Vida en Marte),
Frenkel se vale del humor para darle el tono al film. Sin forzarlo, porque a la
historia -por los personajes, por las situaciones- le calza perfecto. Y eso sin
dejar de lado aspectos menos graciosos que están por detrás del ánimo
celebratorio que se vive hoy en el pueblo: los viejos muertos de muerte
“natural” en el breve lapso de un año después del traslado, cierta
intolerancia de algunos personajes bien adaptados hacía otros que no participan
de la fiesta y amenazan con escupir el asado.
Una
misma historia tiene muchas formas de contarse. La de Federación podría haber
dado para otros tipos de película según quien la encare. Frenkel es quien
encontró la historia pero también se podría decir que felizmente la historia
lo encontró a Frenkel.
01/05/08