Néstor Frenkel
Mientras Néstor Frenkel renquea ("me lesioné jugando al fútbol"), enumera los
pasos que dio Buscando a Reynols –su documental independiente con protagonistas
extrañísimos– para integrar el circuito comercial: hace poco más de un año se
mostró en el Bafici, después se pasó en un ciclo en la Alianza Francesa, en el
Malba y en la ex fábrica IMPA. Desde el 12 de este mes, con la ayuda de una
distribuidora especializada en cine arte, la película se proyecta en salas
porteñas y en otras, de San Martín de los Andes a Mendoza.
Sonidista de
cine y publicidad primero, de a poco Frenkel fue desarrollando su costado de
director-productor. En su currículum figura el mediometraje de animación Plata
segura y un largo, Vida en Marte. Pero su trabajo más conocido es –lejos– el que
está en cartel: la historia de una banda de culto dedicada al noise, festejada
tanto por los músicos de vanguardia más celebrados del planeta como por Lía
Salgado y Mario Socolinsky (por distintos motivos, eso sí). Ya separados, su
líder era el baterista Miguel Tomasín, con síndrome de Down.
–Pocos
hubieran pensado en una banda como Reynols para hacer una película comercial.
–Me costó encontrar la película, empecé sin ninguna idea. Yo conocía
al grupo de leer algo en los diarios, los datos más shockeantes. No los conocía
a ellos ni a nadie que tuviera sus discos. Sabía que uno de ellos tenía síndrome
de Down, que eran argentinos, que acá eran casi inéditos pero que afuera músicos
reconocidos coleccionaban sus discos, que habían editado un disco vacío, que
habían estado varias veces en el programa de Socolinsky. Así que un día fui a
verlos y fue una experiencia fuerte. Con mis amigos quedamos movilizados durante
días. Después me olvidé, pero meses después se me ocurrió hacer la película: ahí
había una sustancia.
–¿Qué tipo de público va a verla?
–Por un lado llega el público más rockero, más alternativo, más en
sintonía. Por el otro, gente grande y de todo tipo que también está interesada.
–¿Y familiares de gente con síndrome de Down?
–Al final
de varias funciones se me acercó gente para contarme cosas sobre sus hijos, por
ejemplo. A todos les gustó la película, que, creo, también está cumpliendo
funciones extras, como la de mostrar que no hay que esconderlos...
–La semana última, Buscando a Reynols fue tema de una mesa redonda en
una universidad.
–Sí, en la Universidad Abierta Interamericana. En
el ciclo Estéticas de la diferencia, de la carrera de Musicoterapia. Tomaron la
película como tema de estudio. Para mí es un ambiente algo ajeno. En la mesa se
destacó el beneficio de filmar un paciente, de dejar un registro. Porque en la
terapia sólo se lo escucha.
–¿Qué importancia está cobrando el cine
documental?
–Hay un resurgimiento, otro interés: Yo no sé qué me han
hecho tus ojos, Cándido López, Los rubios... Y lo de Michael Moore, claro. A
diferencia de la ficción, llama a una reflexión desde lo real: se toma a alguien
que ya existe con su ropa, su forma de hablar, y se lo captura. El documental
siempre fue había sido algo más vinculado con la tele, más cerca del periodismo
que del cine.
–¿El perfil de director es diferente?
–Ser
documentalista exige cierta humildad, uno queda en un segundo plano y está bien
que sea así, más allá de que ahora esté de moda que el documentalista aparezca
hablando en cámara. A mí eso me da pudor.
–¿Y la responsabilidad de
comunicar desde la no ficción?
–Es una responsabilidad fuerte,
llevar mi mirada del mundo Reynols a la visión general. Para eso me alejé de la
estética Reynols: el documental habla sobre ellos, pero no tiene su discurso.
Por un lado, existe cierto periodismo que absorbió el concepto Reynols como un
todo indivisible, dicen es lo más y compran el paquete en bloque. Por otro,
están los medios clásicos (como el programa de Lía Salgado o el de Socolinksy,
que aparecen en el documental), que los ponen como ejemplo de integración. Son
dos miradas totalmente cerradas, posibles, pero que se están perdiendo otro
mundo. Hay muchas líneas intermedias no exploradas.
–¿Conclusión?
–Lo interesante es la duda, no como sospecha: como duda, el disfrute
de la duda. Los Reynols, esa gente con esas barbas y esos anteojos oscuros,
terminan siendo amigos de Socolinsky. Cuentan un día una cosa, otro día otra.
Dicen que el grupo es famoso en un planeta llamado Minecxio. Ellos han creado su
propio planeta y viven en él. Eso es lo interesante, todo es relativo.
Ciudad bajo el agua
Estoy en la etapa de investigación y
escritura del guión de otro documental, Construcción de una ciudad. Se trata de
Federación, Entre Ríos. Cuando a fines de los años 70 se construyó la represa
Salto Grande, la ciudad quedó en la zona inundable. Así que se construyó otra
población (casitas iguales, en serie) y se demolió la original. Los escombros
están bajo el agua. Quiero mostrar cómo se sobrevive a eso, hablar de la
identidad cuando a uno le sacaron todo.
Silvana Moreno

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