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Publicado en la ed. impresa: Espectáculos
Domingo 22 de mayo de 2005
A boca de jarro
"Ser documentalista exige cierta humildad"Agregar a mi carpeta

Néstor Frenkel

Mientras Néstor Frenkel renquea ("me lesioné jugando al fútbol"), enumera los pasos que dio Buscando a Reynols –su documental independiente con protagonistas extrañísimos– para integrar el circuito comercial: hace poco más de un año se mostró en el Bafici, después se pasó en un ciclo en la Alianza Francesa, en el Malba y en la ex fábrica IMPA. Desde el 12 de este mes, con la ayuda de una distribuidora especializada en cine arte, la película se proyecta en salas porteñas y en otras, de San Martín de los Andes a Mendoza.

Sonidista de cine y publicidad primero, de a poco Frenkel fue desarrollando su costado de director-productor. En su currículum figura el mediometraje de animación Plata segura y un largo, Vida en Marte. Pero su trabajo más conocido es –lejos– el que está en cartel: la historia de una banda de culto dedicada al noise, festejada tanto por los músicos de vanguardia más celebrados del planeta como por Lía Salgado y Mario Socolinsky (por distintos motivos, eso sí). Ya separados, su líder era el baterista Miguel Tomasín, con síndrome de Down.

–Pocos hubieran pensado en una banda como Reynols para hacer una película comercial.

–Me costó encontrar la película, empecé sin ninguna idea. Yo conocía al grupo de leer algo en los diarios, los datos más shockeantes. No los conocía a ellos ni a nadie que tuviera sus discos. Sabía que uno de ellos tenía síndrome de Down, que eran argentinos, que acá eran casi inéditos pero que afuera músicos reconocidos coleccionaban sus discos, que habían editado un disco vacío, que habían estado varias veces en el programa de Socolinsky. Así que un día fui a verlos y fue una experiencia fuerte. Con mis amigos quedamos movilizados durante días. Después me olvidé, pero meses después se me ocurrió hacer la película: ahí había una sustancia.

–¿Qué tipo de público va a verla?

–Por un lado llega el público más rockero, más alternativo, más en sintonía. Por el otro, gente grande y de todo tipo que también está interesada.

–¿Y familiares de gente con síndrome de Down?

–Al final de varias funciones se me acercó gente para contarme cosas sobre sus hijos, por ejemplo. A todos les gustó la película, que, creo, también está cumpliendo funciones extras, como la de mostrar que no hay que esconderlos...

–La semana última, Buscando a Reynols fue tema de una mesa redonda en una universidad.

–Sí, en la Universidad Abierta Interamericana. En el ciclo Estéticas de la diferencia, de la carrera de Musicoterapia. Tomaron la película como tema de estudio. Para mí es un ambiente algo ajeno. En la mesa se destacó el beneficio de filmar un paciente, de dejar un registro. Porque en la terapia sólo se lo escucha.

–¿Qué importancia está cobrando el cine documental?

–Hay un resurgimiento, otro interés: Yo no sé qué me han hecho tus ojos, Cándido López, Los rubios... Y lo de Michael Moore, claro. A diferencia de la ficción, llama a una reflexión desde lo real: se toma a alguien que ya existe con su ropa, su forma de hablar, y se lo captura. El documental siempre fue había sido algo más vinculado con la tele, más cerca del periodismo que del cine.

–¿El perfil de director es diferente?

–Ser documentalista exige cierta humildad, uno queda en un segundo plano y está bien que sea así, más allá de que ahora esté de moda que el documentalista aparezca hablando en cámara. A mí eso me da pudor.

–¿Y la responsabilidad de comunicar desde la no ficción?

–Es una responsabilidad fuerte, llevar mi mirada del mundo Reynols a la visión general. Para eso me alejé de la estética Reynols: el documental habla sobre ellos, pero no tiene su discurso. Por un lado, existe cierto periodismo que absorbió el concepto Reynols como un todo indivisible, dicen es lo más y compran el paquete en bloque. Por otro, están los medios clásicos (como el programa de Lía Salgado o el de Socolinksy, que aparecen en el documental), que los ponen como ejemplo de integración. Son dos miradas totalmente cerradas, posibles, pero que se están perdiendo otro mundo. Hay muchas líneas intermedias no exploradas.

–¿Conclusión?

–Lo interesante es la duda, no como sospecha: como duda, el disfrute de la duda. Los Reynols, esa gente con esas barbas y esos anteojos oscuros, terminan siendo amigos de Socolinsky. Cuentan un día una cosa, otro día otra. Dicen que el grupo es famoso en un planeta llamado Minecxio. Ellos han creado su propio planeta y viven en él. Eso es lo interesante, todo es relativo.

Ciudad bajo el agua

Estoy en la etapa de investigación y escritura del guión de otro documental, Construcción de una ciudad. Se trata de Federación, Entre Ríos. Cuando a fines de los años 70 se construyó la represa Salto Grande, la ciudad quedó en la zona inundable. Así que se construyó otra población (casitas iguales, en serie) y se demolió la original. Los escombros están bajo el agua. Quiero mostrar cómo se sobrevive a eso, hablar de la identidad cuando a uno le sacaron todo.

Silvana Moreno

Link corto: http://www.lanacion.com.ar/706266

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Fotos

Al director de Buscando a Reynols le gusta si su obra cumple funciones extra
Foto: Fernanda Corbani