El jueves se estrenará un documental sobre este grupo inclasificable
Todos dicen. Y todo es posible cuando se trata de la materia Reynols. Creer o
no creer, es como estar frente a alguien que cuenta que vio un plato volador.
Bueno, de hecho, esta misma banda de tan difícil clasificación, que el año
pasado anunciaba su disolución, siempre dudó de su propia existencia.
De
realidades a mitos, todo en Reynols abunda: material sonoro (se dice que
editaron unos cien discos, más uno desmaterializado), su presencia en los medios
(desde noticieros de canales de aire que retrataron el carácter "conmovedor" de
la banda liderada por Miguel Tomasín, pasando por dudosos programas de cable, y
hasta el del doctor Mario Socolinsky) y su disponibilidad para entregarse a las
entrevistas. Con todo eso, y algo más, el realizador Néstor Frenkel ("Vida en
Marte", "Plata Segura") armó la película "Buscando a Reynols", que se estrenará
el jueves próximo.
"El rock no fue el tema que más me atrajo -cuenta el
director-, sino la sensación de que detrás de ellos había algo más. Mi primer
acercamiento fue, por curiosidad, en los años noventa. Tenía datos básicos:
baterista con síndrome de Down, tocan con Socolinsky, bailan con Jazzymel, giran
por Europa, disco vacío. Recuerdo que la primera vez que los vi estaba muy
incómodo. Me había empezado a plantear: ¿qué creo que soy?, ¿qué clase de
moderno o de intelectual o vanguardista me creo para estar acá soportando esto?"
Pero en determinado momento empezó a pasar otra cosa en mí y en la gente había
algo de rito ancestral."
Todo en Reynols funcionó desde la misma
negación. Para Frenkel, también eso fue un punto de partida para la película:
"Yo empecé a hacerla sin saber lo que quería hacer. Pero me llamaron la atención
las preguntas que se generaban en la gente: ¿son chantas o genios?, ¿son
especialistas en marketing desde la vanguardia?, ¿se aprovechan de un Down o son
unos santos? Entonces me di cuenta de que la película estaba ahí, en un intento
de entender eso que está flotando todo el tiempo. Ellos saben que esa mirada
existe, pero les fascina sentirse distintos y hasta Courtis y los Conlazo
llegaron a decir: Ojalá nosotros también fuésemos Down".
Frenkel cuenta
que los integrantes de Reynols son sus primeros fanáticos. "Tienen pilas de
videos filmándose a ellos mismos, cajas de fotos, cantidad de casetes sobre sus
visitas a los programas de TV." Y ese material se sumó a la película que cuenta
con declaraciones de la misma banda y del fotógrafo Eduardo Martí, del músico
Marcelo Delgado, de Mario Socolinsky, de Jazzymel, entre otros.
La
relación de Reynols con Socolinsky todavía hoy es difícil de entender: "Ellos
fueron a su programa, básicamente, a reírsele en la cara. Llevaron un hamster
diciéndole que era el manager que nunca los iba a estafar. Y de golpe, el tipo
les dijo que se pusieran a tocar ahí y los contrató para que fueran la banda
estable del programa."
Parece que una vez que la película de Frenkel
quedó terminada, a Reynols no le gustó nada. "El hecho de que hubiera
comentarios de gente que ellos no conocían no les gustó. Después quisieron
intervenir en la edición. Son tan independientes y saben tanto lo que quieren y
tienen tantas ideas que eran difíciles de manejar. Entonces les expliqué que era
mi película sobre ellos. Y lo entendieron, por suerte."
La escuela
Efimus, donde Miguel Tomasín conoció al resto de sus compañeros, se cerró por
problemas de contrato. Tomasín, de 41 años, sigue viviendo con sus padres y
tocando la batería para el proyecto Sol Mayor. "El nunca tocó en el exterior
porque no le gustan los aviones. Pero siempre fue el promotor de la banda. No es
un pobrecito ni un divino. Es más, los tiene cortitos. Por un lado, hay como una
veneración hacia él. Pero también se lo puede ver como algo perverso: que lo
están volviendo loco, que le hacen creer que es un genio y lo exprimen para
vender cosas exóticas en los circuitos avant-garde de Europa y Oriente. Creo que
debe haber porciones de verdad en todo."
Reynols se disolvió o se
desintegró (quién sabe), pero quedan sus discos. Por ahí alguien cuenta que en
Los Angeles había unos cuarenta en una batea. Pero Reynols no se fue del todo.
Algunos de sus integrantes vuelven a tocar el miércoles en ND/Ateneo junto al
legendario Damo Suzuki. Aunque sin Tomasín, el mito vuelve. No se desintegra.
Lorena García


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