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Entrevista
Néstor Frenkel
Down of the Rock
La de Frenkel es una situación cada vez más
común entre los realizadores locales: muy activo, trabaja en
video y muestra sus películas en festivales. Su mediometraje
Plata segura y su documental Buscando a Reynols se exhibieron
en el Bafici y Vida en Marte en Mar del Plata. Casi un
videasta under, ahora Frenkel estrena Buscando a
Reynols.
¿Cómo fue llegar a Reynols, a una banda que es medio
inhallable, que tienen una lógica algo inmaterial, de hecho
editaron discos sin música y una caja sola sin disco?
Como mediano consumidor de información, durante los 90,
tres o cuatro veces debo haber leído algo sobre ellos: lo del
baterista down, el disco vacío que editaron, que tocaron con
Socolinsky y que fueron a Europa. Esos datos los tenía
perdidos en la cabeza. Un día me enteré de que tocaban.
Domingo, 8 PM, un lugar donde nunca tocó un grupo, bien a
trasmano de todo. Y fue una experiencia fuerte realmente:
primero la incomodidad con todo ese ruido, y me pregunto ¿qué
hago acá?, ¿quién me creo que soy por estar acá? El lugar se
había llenado, yo estaba sentado en el piso en un rincocito,
no me podía ir, ¿qué estoy haciendo? Y de golpe eso se fue
transformando en otra cosa, que no sé muy bien qué fue, pero
viajé ahí dentro. Y ahí les mandé un mail: "Me gusta mucho lo
que hacen, por favor, pónganme en su mailing para cuando
vuelvan a tocar". Ahí me metí en su página, como se ve en la
película, una página vacía. Y nada más. Como seis meses
después, no sé cómo, cuándo o por qué, me cayó la ficha de que
ahí había un argumento, una historia, algo potente que estaba
pasando. Y estaba bueno empezar a hacer algo, sin saber bien
qué. Conseguí el teléfono y me encontré con Alan y Roberto en
una esquina. Nos sentamos a charlar en un café y creo que lo
que les gustó fue que yo no tenía claro qué quería. Y fue
bastante simple. Lo que sucedió fue que en esos días, de
Australia, les habían pedido material audiovisual para mandar,
diez o quince minutos para un programa de una cadena
australiana de televisión. Yo se los hago como un favor, para
empezar a conocernos un poco. Fui, grabé lo que se ve en la
película en un cuarto chiquito con Miguel al teclado, e hice
una primera tanda de reportajes. Hice una primera edición, más
como el corte de un institucional de diez minutos. Y ya me di
cuenta de que eso no quería, un institucional de un grupo no
me interesaba. Así empezó.
Hay una situación complicada: Miguel, el baterista con
síndrome de Down, que es el líder de la banda, es la persona
más difícil para entrevistar en un documental porque no tiene
conciencia de la historia y del pasado. ¿Cómo es sentarse con
alguien que sabés que hoy te va a decir algo y mañana
cualquier otra cosa?
Aceptando que esa es la lógica. Ese es el mundo Reynols, no
se puede repetir lo mismo. Ellos no escriben canciones, las
ensayan y luego las graban. Sólo tocan. Esa sensación de
presente constante es lo que guía la obra. Ellos son presente
y son obra todo el tiempo. Un momento en que me bajaron una
línea fuerte fue cuando se juntaron con Jazzy Mel, y como no
tenía imágenes de todos ellos juntos, les digo: "Ahora se van
a poner a tocar, no me importa lo que toquen, toquen cualquier
cosa". Y Alan me dijo algo así: "Nosotros nunca tocamos
cualquier cosa, todo lo que hacemos es obra, me cuelgo la
guitarra y la enchufo, y ya estoy conectado con la obra". Otra
cosa graciosa de Miguel es que, como no se puede situar en la
historia, a veces termina de tocar y dice: "Qué bueno, tenemos
que hacer un grupo".
Nunca tuviste el conflicto de tratar de contar la historia
de un grupo que no cree en su propia historia, que trata de
reinventar siempre su historia.
De todo hay distintas versiones: cómo empezó el grupo,
cuándo, por qué se llama así. Ese es el juego, y eso es lo
interesante y el título tiene que ver con eso: Buscando a
Reynols, nunca se termina de completar, nunca termina de tener
una idea clara de qué es eso. Sí es difícil si querés llegar a
alguna conclusión. En un punto el juego que yo me propuse fue
"vamos a tratar de explicar algo, sabiendo que no es posible
explicarlo". Pero me gusta jugar a ese juego y dar esas
vueltas, por eso también, al final, todas las imágenes, todas
las voces y todos los que hablan se mezclan y se juntan en un
ruido que podría ser una música de Reynols. Digamos que a
través de la palabra, la lógica y el pensamiento no vamos a
llegar a ningún lado. Lo que me interesaba era cómo se
construyó la relación de estos artistas con este otro artista
con síndrome de Down.
Una línea interesante del rock de los 80, Virus, Los Twist,
Viuda e hijas de Roque Enrol, etc., es que tenía una veta
humorística. Reynols recupera esta veta, pero no son
evidentemente humoristas. Hay algo con el humor que está entre
lo políticamente incorrecto y esa sensación de no saber si
reírte o no, es un humor crítico.
De hecho pasa con la película, la gente ve a Miguel, se ríe
y después tose como diciendo: "Está bien que me esté riendo de
esto". Tienen un humor superhermético, interesante y también
retoman la tradición psicodélica, setentista, y cierta actitud
de ruptura. No tiene la cosa festiva del pop, de alegrar, de
ser simpáticos y sonrientes sino que son más enrarecidos, con
una actitud crítica hacia todo, hacia el mundo de la música,
hacia los medios, hacia mí.
Además, Reynols incorpora elementos de la cultura pop y los
enrarece, de hecho en el documental tienen mucha presencia
Jazzy Mel y el doctor Socolinsky. Y ahí de nuevo el humor
incómodo, ¿nos podemos reír de un tipo como Socolinsky?
Es que ellos llevan eso a la verdad. Nosotros podemos
hablar de eso, y reírnos o no, y hablar de si está bien reírse
de Jazzy Mel, Socolinsky o de un mogólico, hablando
crudamente. Pero ellos dedican su vida a eso, y ya eso le da
una potencia y una seriedad que… vos reíte, hacé lo que
quieras, pero ahí hay algo que es verdadero y que es profundo.
Vos podés tener una idea loca un día y decir: "Me voy a hacer
un grupo con un mogólico, y voy a ser el más loco del mundo".
Ahora, estar todas las semanas de tu vida con mogólicos a
babucha para subir la escalera… ya entramos en otra categoría.
Y Socolinsky, el primer día que fueron al programa, lo fueron
a bardear, después pasó algo ahí, no entiendo por qué. El tipo
se enamoró de ellos, fue a la casa y se terminaron haciendo
amigos. Y ellos te hablan de "Soco", y saben lo que provoca
porque no son inocentes. Pero son amigos, hay una relación
real. Con Jazzy Mel, lo mismo, es una relación verdadera.
Ellos son fanáticos de todos los íconos de la subcultura, a mí
me regalaron el disco de Johnny Tolengo. Les gustan todos los
márgenes de la cultura pop, también como subversión. Subvertir
eso y llevarlo a otro estadio. En Buscando a Reynols ves a
Socolinsky con carita y sonrisa de televisión, y de golpe,
dentro de sus posibilidades, está hablando en serio, de algo
que le pasó y terminás viendo imágenes en las que salió de su
carita de televisión y su traje, y está ahí zapateando con un
mogólico. Y hay algo que para mí funciona, y que también me lo
han comentado, que tiene que ver con la integración. Si
hablamos de que podemos integrar a un down a interactuar con
nosotros los no-down, también podemos integrar a un grupo como
Reynols dentro de los grupos de música o las posibilidades que
nos da el arte. Y también podemos integrar a intelectuales
universitarios que hablan con cierta altura y cierto nivel con
Socolinsky y Jazzy Mel, que tienen menos poder de análisis
pero que están diciendo una verdad. Eso tiene que ver con la
integración. En principio, uno se ríe, pero uno se ríe de la
propia información que tiene en la cabeza, más que de lo que
está viendo concretamente. A Jazzy Mel lo nombrás en una
conversación y la gente ya se ríe, no es necesario ni
verlo.
El humor también diferencia el cine de la democracia y el
del Nuevo Cine Argentino. Buscando a Reynols se relaciona con
un humor más raro, una vuelta a la comedia desde otro lugar,
no la comedia de Porcel y Olmedo. ¿Cómo ves tus películas con
este nuevo humor, ya que también tenés Vida en Marte y Plata
segura, dos comedias?
A mí me han dicho que se acerca un poco a Villegas, a
Rejtman. No creo que esté en esa línea, si viste Vida en Marte
o Plata segura, son un poco más inocentes. Rejtman y Villegas
tienen una idea más clara de lo que quieren hacer. Reconozco
que hay algunos parentescos en cierto absurdo, o se parecen
más por lo que no se hace. Creo que lo mío es un poco más
inocente, más lúdico, más infantil. Me terminé dando cuenta de
que Vida en Marte les cae muy bien a los chicos de 10 o 12
años. En Buscando a Reynols está el humor de ellos que
participa de la cosa documental, te los muestro en su humor. Y
yo tiro pequeñas pinceladitas de humor, bastante sutil, no es
un documental como el de Llinás, que habla sobre las cosas y
te reís de su opinión de lo que está mostrando. Mi humor es
ordenar los materiales y dejar algún plano: es dejar el plano
de Socolinsky zapateando con Miguel, en lugar de 15 segundos,
un minuto, para que te resuene más en la cabeza.
¿Cómo ves eso cada vez más difícil de definir que es el
Nuevo Cine Argentino, ves más coincidencias o diferencias?
Nuevo cine argentino es todo. Si es nuevo, es cine y es
argentino, es Nuevo Cine Argentino. O sea que es todo lo que
se haga o se esté haciendo, tal vez lo que se hizo hace cinco
años ya no es tan nuevo y sea Viejo Nuevo Cine Argentino. Yo
trabajo en video, entonces lo mío sería Nuevo Video. No sabría
qué decirte. Sé que hay un salto fundamental en calidad
técnica, de una nueva generación de técnicos y directores más
formados. No es mi caso, yo soy autodidacta. Empecé siendo
sonidista, asistente de sonido en publicidad. No estudié cine
y tengo otra edad, soy más grande que la gente que tiene una o
dos películas. Mi línea es oblicua, no tengo una pertenencia
muy clara a un grupo o una camada. En este cine hay una
búsqueda más personal, hay más permiso, más rigor y más
seriedad; se trata de no repetirse, ni de ir a la cosa más
facilista que podías ver en el cine de denuncia de los 80, que
eran películas más formateadas y oportunistas. Tampoco quiero
caer en la cuestión de que todos los que tienen menos de 40
son buenos, y los que tienen más son malos. Porque yo tengo
más de 40, pero Rejtman también, y es de los buenos. O todos
los que hacen películas por dentro del INCAA son malos, y los
que las hacen por afuera son buenos. Con ese tipo de
divisiones tan tajantes hay que tener cuidado.
¿Reynols tuvo algún problema o denuncia de alguna
institución por incorporar a un down a su grupo, porque de
esto no se habla en tu película?
La gente del programa Tribulaciones me contó que un tipo
mandó un mail diciendo que Reynols era el diablo. Después se
lo comenté a los Reynolds, y me dijeron que capaz que sí. Eso
tiene muy potente Reynols, podés ver lo que quieras, podés ver
a Dios y al diablo, podés poner toda tu locura, y creer que
son ellos. Me habían hablado, no sé si lo hicieron, de editar
un disco en que la tapa sea un espejo. Veo el disco y me veo a
mí. El disco vacío es eso, podés poner lo que quieras, puede
ser el mejor disco del mundo, o ser un chiste pelotudo. Con la
película hice una búsqueda a través de instituciones que
tienen que ver con el síndrome de Down, y no es que se hayan
quejado, pero varias, las supuestamente serias, se ponen muy a
la defensiva: "No quiero que mi institución aparezca apoyando
esto, porque es una propuesta extrema". Me la pidieron de un
festival de Nueva York, un festival de cine hecho por o con
personas discapacitadas, un proyecto muy serio, supermoderno y
abierto. Vieron la película, tuvieron dos días de debate y
arrugaron, no la quisieron poner en el festival. Si estás en
ese tema y tenés una película que te haga debatir dos días,
¿qué más querés? Me parece que las instituciones que viven de
subsidios no pueden arriesgarse a tener ninguna queja. No
existe un lugar donde le digan al down: "Vos sos un genio, sos
el mejor", siempre la onda es la reeducación, vamos a
formatearlo para que pueda vender hamburguesas en McDonalds.
Eso es el trabajo con discapacitados. Y Reynols hace todo lo
contrario, le dicen: "Vos dale que así vas bien".
En un momento del documental, los Reynols dicen: "Ojalá
fuésemos mogólicos".
Ahí también se da una vuelta más. Estás seguro de lo que
estás diciendo, de verdad pensás eso. Pero bueno, como siempre
Reynols está al filo. Es raro.
Lo raro también es que Alan y Roberto enseñan música,
tienen un instituto. ¿Cómo se puede enseñar música siendo
Reynols, estando en lo antiacadémico del rock y la música en
general?
De hecho, su parte experimental la llevan adelante cuando
hacen su trabajo con discapacitados. Ahí está abierta la
puerta para todo y hacen cualquier cosa. Pero después son
superordenados y serios, que tienen su ensamble de alumnos que
tocan canciones de Fito Páez, aprenden la técnica de la
guitarra y leen partituras. Como se ve al final de la
película, que tocan un estándar rock. También está eso, de
hecho, supuestamente ahora que Reynols dejó de existir como
tal, separaron los proyectos en dos. Por un lado está Minexio,
que es música experimental, noise, que lo hacen sin Miguel. Y
por otro lado, está Sol Mayor Proyect, que es tocar más
estándar con Miguel. Es más académico, más simple. El año
pasado enviaron una carta a los medios diciendo que Reynols no
existía más.
Si desapareció, entonces buscar hoy a Reynols es una tarea
imposible.
Ya era imposible entonces. Es como buscar algo inhallable,
inasible, y ahora más. Yo soy un amante de las causas
perdidas.
Por Diego
Trerotola
Publicado el
09/05/2005
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