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El grupo de rock Reynols, objeto del film
de Néstor Frenkel cuya condición documental se presta a la
sospecha, pero aun así tiene momentos
interesantes. | «Buscando a Reynols» (Argentina, 2004, habl. en español).
Guión y dir.: N. Frenkel. Documental.
Los iniciados saben qué era el grupo Reynols: un conjunto rockero
de Caballito, cuyo baterista tiene síndrome de Down. O, según el
eufemismo en uso, tiene capacidades diferentes. Lo que llevó a
muchos a reconsiderar una serie de conceptos acerca de la marcación
del compás y cosas semejantes, en beneficio de la inspiración y la
libertad creativa.
El hecho motivó también otras
consideraciones, acerca de la psicología, la musicoterapia, el
espectáculo, y el negocio de la música. Como tantos grupos de
reducida difusión, éste tuvo sostenido empeño, público fiel, y pocos
discos, aunque sus responsables acreditan unos cuantos más grabados
afuera, por donde hicieron algunas giras. Algunos también acreditan
que el baterista era el líder espiritual del conjunto, formado por
él y los directivos de la escuela de música a la que concurrió. Otra
curiosidad: Reynols hacía las cortinas musicales del programa del doctor
Mario Socolinsky. Según dicen, sus integrantes habían ido a cargarlo, y
el pediatra, en su infinita buena fe, les salió con un contrato
laboral.
Precisamente, todo esto parece moverse entre la
buena fe y la íntima sospecha de una cargada general, o un abuso
particular. Lo mismo ocurre con el documental que ahora vemos, donde
se alternan registros amateurs de conciertos y giras europeas,
grabaciones caseras de viejas entrevistas televisivas, pareceres de
opinólogos varios, y seguimientos de entrecasa. Se percibe la
simpatía del realizador, Néstor
Frenkel, pero también ronda la sospecha.
Hay tanto falso documental en el ambiente. Y este asunto se presta.
Encima, antes Frenkel realizó un corto de animación, «Plata segura» (sátira sobre
el negocio del fútbol, que le valió algún paso por Tribunales), y un
largo aún sin estrenar, «Vida en Marte»,
donde se ríe de la cultura joven, los
hombres crédulos, y los fascículos de difusión cultural (no
confundir con el delicioso corto de Zaramella «El viaje a Marte», que es otra cosa).
Como sea, «Buscando a Reynols» se hace
incluso interesante, y deja percibir cierto espíritu de una época
reciente. Hoy, mientras algunos miembros del viejo grupo ya están en
otra cosa y siguen usando el nombre como referente, el auténtico
Tomassin está
haciendo covers a beneficio de escuelas e institutos para
discapacitados. Pero eso ya da para otra película, de otro tono.
P.S.
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